Una piscina en la autopista

piscina-no-minhocao-aortegaVer en Terra

Mucho he hablado y hablaré de lo poco adaptada al ser humano que es Sao Paulo, una ciudad gris de proporciones mastodónticas y donde los coches reinan. El 80% del espacio de las calles está, de hecho, dedicado a los vehículos, y las zonas de peatones están en mal estado o muchas veces, ni siquiera existen. Lo mismo ocurre con los pasos de peatones que cuando los hay, no son respetados.

Pero también he hablado y hablaré de que la ciudad está cambiando, o al menos eso es lo que percibo en mis casi cinco años aquí. Los conductores empiezan a entender que ahora dividen el espacio con ciclistas y, gracias a algunas campañas oficiales, también con los peatones, tornándose cada vez más respetuosos (aunque sea poco a poco).

Por último, de lo que también he hablado y hablaré es de la creatividad paulistana, pues en esta ciudad no faltan buenas ideas y gente que las quiera poner en práctica. La de este domingo en el Elevado Costa Silva, una vía rápida de Sao Paulo conocida popularmente como Minhocão, fue un proyecto simbólico que muestra cómo las ciudades pueden transformarse con buena voluntad. Y con crowdfunding.

La idea del proyecto Piscina No Minhocão es recordar que “Sao paulo es una ciudad totalmente impermeabilizada, con los ríos todos circulando debajo del asfalto”, dice la autora del proyecto, la arquitecta Luana Geiger. Es cierto: los ríos de Sampa corren bajo la oscuridad del asfalto, inundando las calles cuando llueve. Los tramos que corren a la luz del sol están intensamente contaminados, y yo siempre me pregunto cuánto dinero y calidad de vida pierde la ciudad por no hacerlos agradables turísticamente hablando.

“La idea del proyecto es recordad que Sao Paulo es una ciudad totalmente impermeabilizada, con los ríos circulando por debajo del asfalto”

Pero además el proyecto sirvió para que niños y vecinos se junten a charlar, a bañarse (a pesar de la repentina ola de frío) y a bailar y tomarse una cervecita al aire libre.  ”Ojalá cundiera la idea para más barrios, no tenemos dónde pasear en la región central”, dijeron algunos de los vecinos que se acercaron a efímera “piscina olímpica” de su barrio.

Y el caso es que es un proyecto costoso, financiado vía crowdfunding, que duró solo un día y de momento no planea llevarse a cabo de nuevo, según me contó Geiger.

Un lugar de ocio

Que la piscina fuera instalada en el Minhocão no fue ni mucho menos casual. El proyecto concebido en 1968 es hoy muy controvertido, calificado como “mostruoso” por el gran impacto que tuvo en el paisaje urbano de la región y por la cercanía a las viviendas: vecinos de terceros y cuartos pisos tienen a los coches pasando a gran velocidad a escasos metros de sus ventanas. Los de los pisos de más abajo, tienen oscuridad. Un “castigo de Dios, prueba de la idolatría paulistana por el coche”, en palabras del periodista hispano-brasileño Thiago Ferrer Morini.

Pero hoy el espacio, que está abierto al tráfico de lunes a sábado de 6:30 a 21:30, sirve como lugar de paseo para los vecinos los domingos cuando está cerrado, y alberga a peatones, ciclistas y niños patinando o jugando a la pelota. También es escenario habitual de fiestas con DJ y todo tipo de eventos que reivindican que los paulistanos recuperen el espacio público, sobre todo el muy degradado del centro de la ciudad.

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