Los primeros habitantes

Hoy tuve el privilegio de asistir a un encuentro con indios do Xingú en Juquitiba, Sao Paulo. El Xingú es un parque nacional brasileño, bautizado como el río que lo recorre. El parque se encuentra en el Alto Xingú, (al sur, alto de acuerdo con el curso del río) y no se encuentra directamente amenazado por la nueva y gigantesca hidroeléctrica de Belo Monte (que afecta seriamente a los habitantes del bajo Xingú) Pero se encuentra permanentemente amenazado por los cultivos de soja y los ganaderos. Como toda la Amazonia.

Un grupo de unos 30 indios kuikuros viajaron 4 días en autobús desde el parque, en Mato Grosso, al estado de Sao Paulo, concretamente hasta la Toca da Raposa, una pequeña reserva natural en Juquitiba (a 72 km de la capital) que realiza encuentros anuales entre indígenas y “blancos”.

Muchos de los grupos que los visitan son escolares, a los que el cacique Afukaká agradeció su presencia por la oportunidad de presentarles “la verdad de los índios”. Parece mentira que los primeros habitantes de América, si me apuras, los únicos legítimos, tengan que recordar al mundo que existen, que tienen derecho a existir.

“Tengo una gran preocupación por el futuro que verán mis 25 nietos”, dijo el cacique, que pelea por hacer llegar su mensaje a una sociedad que ignora su existencia. “Hemos creado una ONG, la AIKAX, para hacernos oír, juntos”.

Afukaká me contaba poco después que también tiene otra “gran preocupación”, más concreta: necesita un generador para el puesto de salud, “para que los niños puedan hacer inhalación”. Y es que los Kuikuro viven aislados de la ayuda gubernamental, que es escasa, si bien no viven completamente aislados de las intrusiones en su territorio; animales salvajes llegan hasta sus ocas empujadas por la destrucción de su hábitat, al tiempo que otro tipo más peligroso de salvaje intenta entrar en el parque: el hombre blanco.

TIERRA AMENAZADA

La simple existencia del parque es una pequeña aberración, un mal menor que fue posible gracias a la heroica labor de los hermanos Vilas Boas, impulsores también de la creación de la FUNAI. decenas de pueblos indígenas de varios estados de Brasil tuvieron que refugiarse en el parque para evitar su extinción total, por ello su convívio, aunque pacífico, es en cierto modo antinatural. Como antinatural es que el Parque se haya convertido en una isla entre la deforestación, alimentado por un río contaminado vital para la subsistencia de todas las especies que allí habitan, incluída la humana.

Aún así su creación fue la hazaña de tres héroes, cuya historia cuenta la película Xingú, dirigida magistralmente por Cão Hamburguer y producida por el gran Fernando Meirelles, responsable por peliculazas de la talla de Ciudad de Dios, Ensayo sobre la ceguera y El jardindero fiel.

Una hazaña que ahora, en nombre del progreso, el Gobierno de Dilma Rousseff ha elegido olvidar, haciendo de Belo Monte la bandera de su Plan de Aceleración del Crecimiento, tan bien vendido internacionalmente. Pero no, Dilma, el crecimiento no significa desarrollo.

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