Carne de metro

Algo nos pasa a los urbanitas que acabamos adorando cosas propias de las grandes ciudades, aspectos que otros consideran horrorosas, como un skyline plagado de edificios o el bullicio de una Gran Vía de Madrid un lunes a las tres de la tarde.

Yo me he encontrado en incontables ocasiones admirando el bosque de rascacielos paulista y tirando fotos cada vez que subo más alto del piso 10.

Pero con certeza lo que me hace sentir como pez en el agua es el metro.

Ya en Madrid prefería este medio de transporte ante cualquier otro (como la mayoría de mis paisanos, supongo), no sólo porque ahorra atascos y porque te lleva a absolutamente cualquier lado, sino porque el metro son las venas por donde fluye la sangre de una urbe.

Por ellas pasan sus plaquetas con el libro en la mano y sus leucocitos estudiando para el examen (apurando hasta el último momento). También hay algunas impurezas que oyen música en el móvil (sin auriculares) pero qué le vamos a hacer, he he.

En Sao Paulo echo de menos muchas cosas. De hecho, una de las cosas que más extraño es una línea de metro decente. ¿Prefieres la playa carioca o el metro de Madrid? prefiero el metro.

El metro de Sampa es deficiente en extensión y tarifas. Mucho. Se dice, de hecho, que es el más abarrotado del mundo (en número de habitantes por km construído), aunque yo tiendo a dudar de estos particulares rankings brasileños, pues he oído de todo desde que llegué… no siempre ciñiéndose a la realidad.

LAS VENAS DE SAO PAULO

Si el metro son las venas de las urbes Sampa está carente, necesita de un transplante. Sampa aún no fluye. Es una metrópoli vibrante llena de estímulos culturales y humanos, pero los espacios públicos son muy deficientes.

Además es un claro reflejo del elitismo de una de las naciones más desiguales del mundo, por lo que el transporte público sólo llega hasta el límite de lo decente (siendo benévola) pero la prioridad es el transporte privado, que usa como un 8% de la población. Si llega.

Y dentro del transporte público, no es el metro el más usado, por los dos problemas citados: una red mínima (74 kms, frente a los casi 300 de Madrid, que es como cinco veces menor) y sobre todo el precio: 3 reales por viaje (alrederor de un euro treinta) sin abono transporte ni nada que lo alivie. El salario mínimo en Brasil es de 500 reales al mes. Echa cuentas.

Pero qué tendrá, de todas formas. que cada vez que entro en él me siento en casa. Es limpio, seguro y bonito en algunas estaciones. Pero no es eso. Aunque en sus venas no fluyan muchos leucocitos con el libro en la mano (casi inexistentes), siempre que viajo en sus vagones me llegan reminiscencias quase natas de mi ADN madrileño y me tranquilizo, como bebé que duerme sobre la lavadora.

En esos momentos parece que Sampa me consuela y me dice que todo irá bien.

ALGUNOS LINKS

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6 thoughts on “Carne de metro

  1. Gracias por el reportaje/relato o como lo denomines. A veces las descripciones narradas -como esta- dicen mucho sin entrar en conflicto con aquello de “Una imagen vale más que mil palabras”

  2. joder que sí, a mi me pasaba lo mismo. mucho sol, mucha playa, muchas vistas al mar, pero en 9 años fuera de mi madriz, no dejé ni un día de echar de menos mi amado metro. y la renfe ni te cuento! 🙂

  3. Aún no he abierto blog Shallispellit! Mejor dicho, no he publicado ningún post. Hasta ahora, mi vida bloguera, que dicho sea de paso, comenzó para poder comentar algo interesante en alguna de tus publicaciones o posts, se ha limitado a eso, pero vamos, no por limitarse… ya tu me entiendes!

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