La revuelta de los “diferenciados”

ARTÍCULO ORIGINAL EN GEA PHOTOWORDS

El rechazo de parte de la élite de Sao Paulo a la apertura de una estación de metro, porque “atraería gente indeseable”, desencadena una protesta espontánea con más de 50.000 seguidores en facebok.

Tres de la tarde de un sábado en un barrio residencial de clase alta en Sao Paulo, Brasil. Varios centenares de jóvenes recorren las calles con ritmos y pancartas propias de cualquier manifestación; lo extraño es que la multitud está gritando algo poco revolucionario: están gritando “churrasco”.

A comienzos de semana saltaba la noticia de que el ayuntamiento había cancelado el proyecto de construcción de una estación de metro en el barrio de Higienópolis, después de una recogida de 3.500 firmas por parte de los vecinos; el escándalo llega con las declaraciones de una de las adineradas moradoras, que dice que el metro atraerá “drogadictos, mendigos, vendedores ambulantes… gente diferenciada”.

RECLAMO HUMORÍSTICO

La expresión “gente diferenciada” resulta tan peculiar en portugués como lo sería en español, y despertó no sólo la ira, sino también la hilaridad de la población; esta acuñó el término tras un acertado caso de marketing via Facebook por parte del periodista Danilo Saraíva, creador del evento “Churrasco de la gente diferenciada”, que en poco más de un día ya alcanzaba los 50.000 asistentes confirmados. En la información del evento se pedía asistencia con “sillas de playa, longanizas” y otros iconos del “populacho”.

La Folha de São Paulo, principal periódico del país estima en unas 600 personas las que se reunieron el sábado 14 de mayo en el local acordado, cortando la calle durante horas de forma espontánea, pacífica y cómica. Por lo menos cuatro barbacoas aceptaban donaciones de longaniza para alimentar a los emocionados manifestantes, mezcla de hooligans, estudiantes, señoras mayores y ciclo activistas.

LA CUESTIÓN DE FONDO

El del metro no es tema para bromas. En ciudades como Sao Paulo o Río, personas viven en la calle durante la semana, porque a pesar de tener casa y trabajo, los ingresos no compensan el coste del transporte.  El insuficiente sistema de transporte público en general y de metro en particular (una red de 70 kilómetros, para casi 20 millones de habitantes) sumado a su elevado precio (R$3, cerca de 1.5 € por trayecto) ya había provocado protestas, casi sin repercusión.

Oficialmente, la plataforma “Salve Higienópolis”, se opone al metro por “estar mal planificado”, en una zona en la que, afirman, no se necesita metro, pues hay varias estaciones cerca, como la de Consolação, (a 1.400 metros, 20 minutos a pie cuesta arriba) o la de Santa Cecilia (1.590 metros, otros 20 minutos a pie). En blogs y sites se discute dónde sería mejor colocarla, argumentando si la protesta tiene entonces sentido o no, pero el verdadero tema de fondo es la reacción de los paulistanos al clásico comportamiento de su élite: la estación forma parte de una línea que comunicará el barrio pobre de Brasilandia con el centro de la ciudad, favoreciendo la integración física de su población con las clases altas, algo que estas últimas nunca se han distinguido por fomentar.

Lo cierto es que en Sao Paulo, como en otras ciudades, la experiencia muestra  que los usuarios de metro son potencialmente todos los ciudadanos, que en otros puntos de la ciudad donde hay estaciones no se creó submundo de crimen alguno, (al contrario, las áreas se revalorizaron, expulsando familias que no pueden permitirse continuar viviendo en ellas)  y que el transporte urbano es uno de los principales factores de desarrollo, y cohesión social. Pero no caben grandes argumentaciones ante declaraciones como las que los medios han estado difundiendo en los últimos días y que han calentado el ambiente en internet (“¡que mi empleada venga a pie!” o “esta gente humilde no está preparada para el metro, no les gusta”).

SÍMBOLOS

Desde los tiempos de Fernando Collor, en que la multitud se echó a las calles para exigir su dimisión, las concentraciones no suelen superar 50-100 personas. Así, las 600 estimadas y las 50 mil apoyando en internet son una cifra relevante.

Esta vez los símbolos cobraron importancia: que una mayoría de jóvenes de clase media y media-alta se apropien de iconos del “populacho” y los reconozcan como suyos con orgullo no es algo que aquí, ocurra a diario. El hecho de si el lugar es o no, en efecto, el mejor para construir la estación puede ser debatido largamente y decidido por el ayuntamiento, ojalá que por razones estrictamente técnicas. La construcción que es crucial en Brasil es la de la ciudadanía participativa, más igualitaria y libre del elitismo que impide su despegue definitivo.

(*foto “eu sou diferenciado”,  de Mauricio Adachi)


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2 thoughts on “La revuelta de los “diferenciados”

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